Hannah Arendt y la banalidad del mal
Reflexiones sobre la película Hannah Arendt
14 marzo 2014 - 7:31, por , en Cine y literatura, sin comentarios

Como era de preveer la película de Margarethe von Trotta sobre la filósofa Hannah Arendt y protagonizada por  Barbara Sukowa, ha desatado nuevamente el debate en torno al libro Eichmann en Jerusalem que escribiera la autora a partir de sus observaciones y reflexiones durante el juicio que se le hizo en Jerusalem al controvertido personaje en 1961.

Hannah Arendt, judía y de origen alemán, exiliada en Estados Unidos, había sido escogida por la revista The New Yorker como enviada especial para reportar sobre el juicio. Para aquel entonces Arendt ya había publicado Los orígenes del totalitarismo y parecía la persona adecuada para enfrentarse a la difícil función de escribir un relato sobre el juicio al miembro de las SS.

Pero la polémica no tardó mucho en desatarse. El poeta americano Robert Lowell y el filósofo Karl Jaspers consideraron el nuevo libro como una obra maestra mientras que en muchos otros desató una profunda ira. La autora había subtitulado el libro Eichmann en Jerusalem “Sobre la banalidad del mal.”

En su libro Arendt hace hincapié en que de ninguna manera estábamos ante un monstruo, sino ante un sujeto completamente normal pero incapaz de pensar y que había hecho suya la ideología nazi hasta sus últimas consecuencias, incluyendo su feroz antisemitismo. Se trataba de un sujeto disciplinado, meticuloso, ambicioso burócrata, producto de su tiempo y del régimen criminal que el tocó vivir. No se trataba de Satanás sino de un persona “terriblemente y temiblemente normal.”

Arendt también criticaba a los líderes de algunas asociaciones judías que habían colaborado con los nazis entregándoles inventarios de sus congregaciones colaborando de esta manera con las deportaciones masivas. Y, por último, daba a entender que dudaba de la legitimidad de que el juicio se llevara a cabo en Israel.

Hannah Arendt fue tenida y sigue siendo tenida como una mujer insumisa de quien se esperaba que apoyase la causa de su pueblo de manera incondicional, pero no que diera pie a la reflexión, a la investigación y al debate sobre el tema. Se la consideró una mujer vanidosa, rígida y dura incapaz de comprender nada de lo humano (Saul Bellow).

La película de von Trotta es pues, una película de ideas estrenada en Estados Unidos enfocada en el juicio a Eichmann con pasajes documentales del proceso.

Lo que puede rescatarse sin duda alguna, es la aserción de Arendt acerca de esos seres humanos “comunes y corrientes” que pueden llegar a convertirse en grandes criminales y asesinos.

Queda por aclarar que Arendt nunca sostuvo que Eichmann obrara solamente por acatar órdenes. Por el contrario, Eichmann desobedeció a Himmler quien al ver que se acercaba la derrota recomendó mejor trato a los judíos, cosa que Eichmann desoyó y “se esforzó por hacer que la solución final lo fuera realmente.” “Lo que quedó en las mentes de personas como Eichmann”, dice Arendt, “no era una ideología racional o coherente, sino simplemente la noción de participar en algo histórico, grandioso, único” autoconvenciéndose de que sus sangrientas acciones eran muestras de su virtud.

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