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Desesperada

A prisión por fumar

Origen de la prohibición de fumar

La actual ley antitabaco vigente ahora también en España no es ni mucho menos la primera que castiga a los fumadores.

Don Rodrigo de Jerez, natural de Ayamonte, uno de los marineros que acompañó a Cristóbal Colón en su primer viaje a América y en familiarizarse con la costumbre de los aborígenes en la isla de Cuba de mascar y fumar tabaco, fue el primero en ser castigado por adoptar dicho hábito. De vuelta a Sevilla fue denunciado por su propia esposa escandalizada por echar humo por la boca. El Tribunal de la Santa Inquisición condenó a Don Rodrigo a siete años de prisión acusado porque «solo Satanás puede conferir al hombre la facultad de expulsar humo por la boca.» Lo curioso es que al salir de su encierro en prisión, Don Rodrigo comprobaría perplejo que la costumbre de fumar se había extendido entre todas las clases sociales de España… Los mismos frailes se habían convertido en entusiastas plantadores de tabaco en sus huertos cerrados (de ahí proviene el término «estanco» con que se denomina a los kioscos que comercian con cigarros) y por su parte, el embajador francés en Portugal, Jean Nicot –en cuyo honor se denomina a la planta como Nicotiana tabacum–, extendería el hábito por toda Europa al divulgarse la idea de que el consumo de esta planta había curado de sus jaquecas a la ilustre consorte de Francia, Catalina de Medicis. En 1610 el aventurero inglés John Rolfe arribaría a Jamestown (Virginia) con semillas de tabaco contrabandeadas. El 5 de abril de 1614 Jhon Rolfe se casaría con la famosa Pocahontas, hija del jefe indio Powhatan.

A principios del siglo XVI, España dominaba el comercio de tabaco y la posesión ilegal de su semilla podía suponer hasta la pena de muerte. Su producción, empero, llegaría a convertirse en la base económica de las colonias inglesas.

Pero sería en la Alemania nazi donde se produciría el más exhaustivo control del tabaquismo una vez los médicos comprobaran la relación entre el tabaco y el cáncer. Este descubrimiento fue el motor de la primera campaña antitabaco del mundo moderno. La aversión personal de Hitler hacia el tabaco y las medidas reproductivas fueron el desencadenante de estas campañas asociadas igualmente al antisemitismo como al racismo, y que no prosperaron en otros países.

En Alemania se prohibió fumar en tranvías, autobuses y trenes urbanos, y se restringió el hábito en restaurantes, espacios públicos y cafeterías. Se promovió la educación sanitaria, se limitaron las raciones de cigarrillos en la Wermacht y se organizaron conferencias médicas dirigidas a los soldados. Aumentó el impuesto al tabaco y también se establecieron restricciones a su publicidad. De hecho, a principios del siglo XX ya existía en Alemania un grupo antitabaco denominado Deutscher Tabakgegnerverein zum Schutze der Nichtraucher (Asociación alemana contra el tabaco para la protección de los no fumadores), pero de corta existencia. Sin embargo, con el correr de los años proliferaron otros grupos semejantes. Algunos publicaron revistas y abogaban también contra el consumo de alcohol.

En cualquier caso, para Hitler, adicto al tabaco de joven, el hábito se convertiría finalmente en algo decadente aunado esto a las consideraciones médicas que apuntaban a que las mujeres embarazadas que fumaban tenían una tasa de abortos mayor que las no fumadoras y a que el tabaco aumentaba la proporción de niños nacidos muertos. «Un artículo publicado en una revista alemana de ginecología en 1943 sostenía que las mujeres que fumaban más de tres cigarrillos por día presentaban más posibilidades de no tener hijos, comparadas con las mujeres no-fumadoras.» Las mujeres fumadoras, se había comprobado, padecían de envejecimiento prematuro y perdían atractivo físico, motivos por los cuales eran vistas como inadecuadas para ser esposas y madres en el Régimen. «Werner Huttig de la Oficina de Política Racial (Rassenpolitisches Amt) del Partido Nazi dijo que la leche materna de una fumadora contenía nicotina, una afirmación que se demostró correcta en investigaciones modernas.» Incluso el término de «fumador pasivo» fue acuñado durante el nacionalsocialismo. En tanto, la misma Magda Goebbels fumaba cuando era entrevistada por algún periodista. Tanto Eva Braun como Martin Bormann y Hermann Goering fumaban habitualmente. Pero la investigación sobre los efectos nocivos del tabaco, financiada en parte por el Régimen, así como los estudios epidemiológicos incluían la relación del tabaco con el cáncer de pulmón y las cardiopatías. Hacia 1938 también se prohibiría fumar en instituciones de atención sanitaria, en varias oficinas públicas, en escuelas y en casas de reposo. Se restringió el hábito de fumar al personal policial y a los oficiales de la SS mientras estuvieran de servicio. Hacia 1943 se prohibiría fumar en público. Sin embargo las campañas antitabaco de los nazis no carecían de contradicciones ya que «al deber de estar saludables» se contraponía la distribución de cigarrillos a los soldados «que se lo merecían». A los grupos estigmatizados se les prohibió el acceso al tabaco (judíos y prisioneros de guerra). Hitler, personalmente, incentivó a algunos amigos cercanos a no fumar y premió a aquellos que dejaron de hacerlo.

Fuentes
http://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_antitabaco_en_la_Alemania_nazi
https://www.facebook.com/#!/photo.php?fbid=439834406082956&set=a.140020376064362.27827.139744109425322&type=1&theater

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