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Desesperada

¿Cómo distinguir entre piedras preciosas y semipreciosas?

Diferencias entre piedras preciosas y semipreciosas

Desde tiempos remotos las piedras preciosas han sido santo de la devoción de todos y todas ya sea para usarlas como ornamento, como símbolo de poder y exclusividad, asociadas al culto de las deidades, o para ser utilizadas como medio de sanción o de todo lo contrario. En su mayoría son minerales aunque algunas, como el ámbar, son de origen vegetal.

Podemos distinguir una piedra preciosa de una semipreciosa según tres factores:

– la escala de dureza
– la rareza de la piedra o la dificultad para extraerla o hallarla
– su belleza y perfección: color, brillo, transparencia y pureza.

Las únicas piedras que cumplen con estos requisitos son el diamante, la esmeralda, el rubí y el zafiro azul.

El resto de piedras son semipreciosas: ágata, aguamarina, alejandrita, amatista, ámbar, aventurina, circón, citrino, crisoberilo, crisopasa, cornalina, cuarzo, cuarzo ahumado, espinela, feldespato, granate, jaspe, lapislázuli, ojo de tigre, ónix, ópalo, peridoto, tanzanita, topacio y turquesa.

La piedra más dura que se conoce es el diamante. Pero cualquiera de las otras piedras preciosas que no tenga imperfecciones, sea pura, y presente un color radiante puede tener más valor que un diamante.

Hasta hace un tiempo se consideraba que la amatista era una piedra preciosa, pero al encontrarse enormes yacimientos de esta gema en Brasil, se pasó a considerarla semipreciosa.

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