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¿Cómo nos enamoramos?

«Pero hacia afuera, al menos, parece el yo afirmar unas fronteras claras y netas. Sólo no es así en un estado, extraordinario por cierto, pero al que no puede tildarse de enfermizo. En la cima del enamoramiento amenazan desvanecerse los límites entre el yo y el objeto. Contrariando todos los testimonios de los sentidos, el enamorado asevera que yo y tú son uno, y está dispuesto a comportarse como si así fuera.»
Freud, S. El malestar en la cultura

Hay diversas teorías acerca del enamoramiento

Según Alfonso Fernández Tresguerres, en su artículo Amor sin metafísica, «Nos enamoramos, en gran medida, de lo que desconocemos, de aquello del otro que no poseemos del todo.» Este autor considera que el amor se alimenta del misterio mientras que la amistad es fruto de la transparencia. El arte de la seducción se basaría en lograr resultar para el otro «profundamente desconocido.» Para Sócrates: «lo que consigue siempre se le escapa, de suerte que Eros nunca ni está falto de recursos ni es rico, y está, además, en el medio de la sabiduría y la ignorancia.» Por ello es que cuando nos acostumbramos a ver al otro como a un amigo, el interés decae, y la posibilidad de que nos enamoremos de esa persona se reducen en gran medida. El amor busca la incertidumbre, la imposibilidad de poseerlo todo.

No nos enamoramos voluntariamente escogiendo al objeto de nuestro amor libremente. El enamoramiento «nos ocurre». Puede, por tanto, esperarse que nos equivoquemos. Aun así quedamos fijados obsesivamente del objeto de nuestro amor, lo deseamos con carácter exclusivo, y establecemos entre este objeto y los restantes posibles objetos una diferencia que no puede eliminarse sin más.

Pero más allá de esta revolución de las emociones que nos afecta en lo más hondo, el enamoramiento responde a determinantes fisiológicos y etológicos de manera tal que «cuando finaliza ese estado de estupidez transitorio en que nos ha sumido la selección natural …, cuando ha pasado el tiempo que la selección natural ‘considera prudencial’ para que la reproducción haya tenido lugar (independientemente de que así haya sido o no) y la supervivencia de la cría se halle garantizada, el amor deviene filia, que mantiene a la pareja unida por otros lazos que tienen poco que ver con la relación inicial, o indiferencia, que conduce al olvido.» Contrario a toda teoría espiritualista o metafísica del amor, este autor nos recuerda que el amor ni es eterno, ni es único, muchas veces acaba sin que por eso podamos calificarlo indiscriminadamente de falso para ser reemplazado por otro. «Otra cosa es que muerto el amor se troque en amistad y la pareja permanezca unida por un cariño tan profundo como se quiera, nacido del conocimiento mutuo, de la convivencia y de la comunión de intereses, pero no es ésta la coronación dialéctica del amor, sino un vínculo sustancialmente nuevo.»

Para el psicoanálisis el amor es un producto de carácter ilusorio a lo que subyace una elección inconsciente del objeto de nuestra pulsión, determinada por procesos que tienen sus raíces en los primeros años de vida de los sujetos y que continúan desarrollándose de manera continua a lo largo de la vida. “La inclinación infantil hacia los padres es sin duda la más importante, pero no la única, de las sendas que, renovadas en la pubertad, marcan después el camino a la elección de objeto. Otras semillas del mismo origen permiten al hombre, apuntalándose siempre en su infancia, desarrollar más de una serie sexual y plasmar condiciones totalmente variadas para la elección de objeto.” (Freud ,1905).

Desde la perspectiva lacaniana, el amor puede entenderse como una metáfora y está hecho del intento de poseer o de recuperar algo que no existe, esto es, una falta, algo de lo que se carece. «Existe en este sentido una proyección a nivel fantasmático que opera en esta reducción del otro y le otorga esa sensación de placer a la relación amorosa, tanto en la relación cotidiana como en el propio acto sexual genital (coito). … A partir de aquí no solo podemos considerar que el amor es una ilusión, sino que tiene un componente cruel que opera en esta deflación del otro a un complemento de uno mismo, a un objeto que intenta saciar, o al menos completar la propia carencia.»

Fuentes:
http://www.nodulo.org/ec/2002/n004p15.htm
http://www.taringa.net/posts/info/3576623/El-amor-como-una-ilusion-desde-Freud-y-Lacan.html
Freud, S. El malestar en la clultura

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