Saltar al contenido

Crisis existencial: trascendiendo el sufrimiento. La Logoterapia

crisis existencial

“El hombre que se levanta por sobre su dolor para ayudar a un hermano que sufre trasciende como ser humano”.V. Frankl

No es casual que la hablar de crisis existencial nos refiramos a Viktor Frankl y a la Logoterapia. Viktor Emil Frankl, (n. 26 de marzo de 1905, en Viena, Austria – 2 de septiembre de 1997, en Viena) neurólogo y psiquiatra austríaco, fundador de la Logoterapia contrajo matrimonio con Tilly Grosser en diciembre de 1941 y en otoño de 1942, junto a su esposa y sus padres, fue deportado al campo de concentración de Theresienstadt. En 1944 fue trasladado a Auschwitz y posteriormente a Kaufering y Türkheim, dos campos de concentración dependientes del de Dachau. Fue liberado el 27 de abril de 1945 por el ejército norteamericano. Viktor Frankl sobrevivió al Holocausto, pero tanto su esposa como sus padres fallecieron en los campos de concentración. Tras su liberación, regresó a Viena. En 1945 escribió su famoso libro El hombre en busca de sentido, donde describe la vida del prisionero de un campo de concentración desde la perspectiva de un psiquiatra. En esta obra expone que, incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir, basada en su dimensión espiritual.

Para Frank, el sufrimiento no es una enfermedad, sino una condición existencial del hombre, y que, aún en casos de enfermedades, el hombre no es su enfermedad. El ser humano es infinitamente más que su enfermedad, y precisamente en ese ser más es donde se hallan los recursos necesarios para trascender esa conmoción existencial. La voluntad de sentido es innata al hombre y si bien puede estar habitualmente encubierta por la voluntad de placer o poder, siempre aflora en las grandes crisis existenciales.

Fue Jaspers quién introdujo el término «Situaciones Límite» para definir crisis existenciales de una severidad y complejidad tal que producen verdaderas conmociones existenciales en el ser humano. Instancias de la existencia impensadas, inesperadas e inescapables. Situaciones que producen un cisma en la vida, que hacen, quizás por vez primera, al hombre darse cuenta que es un ser histórico, inmerso en el devenir de su propio ser. Y lo que es más importante aún, le hacen ver que su pasado, que su historia ya realizada no puede ser cambiada y por eso mismo lo confrontan, esta vez de manera ineludible, con su propia conciencia en un diálogo que no permite el escape ante la responsabilidad existencial.

Aprendimos de Kübler Ross que el proceso de duelo por ejemplo en padres dolientes que han perdido un hijo, se asemeja estrechamente a las etapas por las que atraviesa un paciente terminal:

1. Shock, negación.
2. Enojo, rebelión.
3. Negociación (generalmente con Dios)
4. Depresión.
5. Aceptación.

Sin ayuda social (el grupo) muchos padres no pueden sino quedarse en cualquiera de las primeras cuatro etapas por largos períodos de tiempo, pueden ser años, y en muchos casos puede prolongarse de por vida. La experiencia nos muestra con toda su crudeza y por primera vez, la transitoriedad de la vida. Confronta a los padres con su propia finitud. Como el prisionero, ven ahora la existencia como provisional y de duración desconocida. No saben cuánto tiempo se sentirán de esta manera, no saben cuánto tiempo podrán vivir de esta manera. Frankl dice que «el hombre que no puede ver el fin de su existencia provisional es incapaz de plantearse una meta en su vida. Cesa de vivir para el futuro«.

Víktor Frankl, en El Hombre en busca de Sentido, nos dice que «Es difícil intentar una aproximación metódica del tema, ya que la psicología exige un cierto distanciamiento científico. ¿Pero es que el hombre que hace sus observaciones mientras está prisionero puede tener el distanciamiento necesario? Sólo los que son ajenos al caso pueden garantizarlo, pero es mucha su lejanía para que lo que puedan decir sea realmente válido. Únicamente el que ha estado dentro sabe lo que pasó, aunque sus juicios tal vez no sean del todo objetivos y sus estimaciones sean quizás desproporcionadas al faltarle ese distanciamiento…» A su manera Frankl nos dice que en situaciones de verdaderas crisis existenciales sólo podemos recostarnos, en busca de ayuda, en otros seres que han sufrido idénticas experiencias, en otras palabras en la ayuda mutua, que queda de esta manera convalidada desde hora muy temprana, no sólo en la teoría frankliana sino en la experiencia personal del creador de la Logoterapia, modelo centrado propiamente en la búsqueda de sentido y que ve al hombre como un ser consciente (libre) y responsable, viviendo en la tensión entre el ser y el deber ser, y que puede ser aplicable, independientemente de las causas que originen la necesidad de la ayuda mutua.

Las situaciones límites extremas, de las que la muerte de un hijo es la más severa, presentan al hombre la oportunidad de lograr la pérdida de la angustia ante la posibilidad de tener que “elegir”, puesto que ya todo ha sido elegido por él. Según Kierkegaard, el ansia o la angustia en el hombre se debe a la necesidad o la obligación de tener que decidir. Siguiendo esta línea de pensamiento podemos decir que aquello que sucede en la existencia a partir de un destino que no puede ser cambiado, presenta en sí una enorme capacidad redentora, pudiendo transformarse en una experiencia liberadora. Esto no es una mera especulación teórica puesto que en los grupos de ayuda mutua para padres que han perdido hijos, muchos de ellos manifiestan haber perdido el miedo ante la incertidumbre a partir de su pérdida.

El sufrimiento, el sufrimiento intenso, ese sufrimiento que lleva implícito en él la capacidad de aniquilar al hombre, así como la de elevarlo, presenta la característica de poder conducirlo por un camino existencial peculiar por su bidireccionalidad, puesto que puede hacer que seres humanos retrocedan a la categoría de entes al dejarse vencer por un sufrimiento al que no han sabido encontrarle un sentido, pero también puede hacer que otros seres al haber perdido la angustia merced a una decisión que ya ha sido tomada por el destino, y usando esa libertad plenamente, lleguen a adquirir una experiencia del ser tan intensa, tan profunda, que los lleve a un estado de iluminación, de gracia, de profunda paz interior, de plenitud existencial.

De acuerdo con Frankl hay tres caminos principales para llegar al sentido de la vida.

  1. A través del encuentro con alguien, o sea los valores vivenciales.
  2. A través de los valores de creación, realizando una tarea.
  3. Simplemente viviendo nuestra vida cuando las circunstancias no pueden ser cambiadas; tratando solo de comprenderla tal como es y vivirla con coraje; no escapándose de ella, no ocultándose de ella, enfrentándola con valentía, sea lo que sea, buena o mala, divina o maligna, el cielo o el infierno, pero sufriendo con dignidad, elevándonos por encima de nosotros mismos, trascendiendo ese sufrimiento y demostrando así uno de los aspectos más humanos del hombre: la capacidad de convertir una tragedia personal en triunfo.

Cuando la autotrascendencia es ignorada sistemáticamente aparece la neurosis existencial, el hombre vive escapando del ser (Heidegger). Transita, sin darse cuenta, del ser-ahí al ser-así (Frankl). En el grupo se manifiesta por lo que hemos descrito como sufrimiento anancástico o, en términos franklianos, depresión noógena.

De Frankl hemos aprendido que la felicidad no puede ser una meta sino el resultado de una tarea o una misión llevada a cabo adecuadamente.

Fuentes:
http://www.logoterapia.com.mx/articuloDetalle.php?IdItem=4
http://es.wikipedia.org/wiki/Viktor_Frankl
Imagen: http://www.enlacejudio.com

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar