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Desesperada

¿Cuántas fantasías sexuales tienes al día?

Hay investigaciones que afirman que tanto hombres como mujeres tenemos al menos una fantasía sexual al día. Estas fantasías tienen su origen en nuestra imaginación, naturalmente, y podemos compartirlas, o no. Pero son algo completamente normal en nuestras vidas, forman parte de nuestra sexualidad y de nuestra intimidad, y pueden tener relación o no con nuestra actividad sexual real.

Los impedimentos para fantasear suelen ser la autocensura, un sentimiento de culpabilidad o tabúes socioculturales, ya que en ocasiones estas ficciones no suelen tener relación tampoco con nuestra escala de valores: en el caso de ciertas religiones pueden ser consideradas auténticas faltas o graves pecados. Éste puede ser el motivo de que reprimamos dichas fantasías o que solo aparezcan en sueños (que no son controlables).

La experiencia de deseo sexual en los seres humanos se da gracias a la interacción entre elementos neurohormonales y cognitivos-emocionales. Algunos autores ponen el énfasis espacialmente en los factores psicológicos, de manera que lo relevante es la interacción recíproca entre estimulación física y la psicológica. Otros consideran que el deseo sexual resulta de un correcto funcionamiento neuroendocrino estimulado por dos fuentes de activación: una individual (fantasías, ideaciones, vasocongestión genital) y otra ambiental (características del contexto en el que se da la relación sexual), determinado todo esto por procesos sexuales intrapersonales e interpersonales. Para Fuertes y López (1997) se puede definir un modelo explicativo multicomponente del deseo sexual en el que se incluyen tres dimensiones diferentes: activación neurohormo-
nal, disposición cognitivo-emocional (variables psicológicas) y presencia de estímulos sexuales externos o internos entre los que figuran las fantasías sexuales. Y éstas juegan un papel muy relevante y su ausencia se relaciona con trastornos del deseo sexual.

Tipos de fantasías sexuales

Una de las manifestaciones sexuales más frecuentes entre los adolescentes son las fantasías sexuales actuando como elemento auxiliar en la masturbación y, en todo caso, como elemento potenciador del deseo y la excitación sexual. Álvarez y Beiztegui (2001) concluyen que el 89% de los adolescentes de 15 a 18 años presentan fantasías sexuales, apareciendo éstas cuando se excitan (22%), cuando se masturban (15%) o en las relaciones deseadas con la pareja (14%); además, en este estudio se pone de manifiesto que la mayoría de adolescentes experimenta las fantasías sexuales sin culpabilidad ni miedo. Los adolescentes recurren voluntaria o involuntariamente a estas fantasías a modo de ensayo de cosas que aun no han llevado a la práctica, y suelen asociarlas a diferentes escenas eróticas con personajes ficticios o con personas de la vida real que les resultan especialmente atractivas pero a las que quizás no se atreverían a acercarse.

En la vida adulta, fantasear puede dar lugar a relaciones sexuales más ricas, más apasionadas, más creativas, a ahuyentar el aburrimiento o la inercia. Permiten que vocalicemos nuestros afectos y nuestros pensamientos ya sea que estemos solos o con nuestra pareja, anulando presiones de la vida cotidiana o distracciones. Permiten que nos concentremos en las sensaciones placenteras aumentando la excitación erótica.

Parece ser que los hombres fantasean más que las mujeres y lo hacen de manera más visual, impersonal y activa. En las mujeres las fantasías suelen ser más románticas y más pasivas. Pero existe gran similitud entre lo que fantasean los unos y las otras. Su contenido tiene que ver con cómo la persona acepta su sexualidad y con cómo nos relacionamos con los condicionantes socioculturales.

Los tipos de fantasías más comunes son las de exploración, desde una orgía con una única persona hasta escenas más íntimas, besos apasionados con nuestra propia pareja, o distintos lugares o posturas en los que mantener relaciones. Las fantasías impersonales son aquellas suscitadas por extraños o material pornográfico.

En cualquier caso, la mayoría de nosotros recurre a fantasías que ya ha experimentado otras veces, recuerdos agradables, desde un beso romántico a una imagen de una película, una escena excitante de un libro, deseos que no nos atrevemos a hacer realidad pero que sí nos gustaría experimentar. Tanto si nuestras fantasías exceden lo que es socialmente aceptable como si no, una sexualidad plena no puede estar exenta de los efectos de nuestra imaginación siempre que tengamos claro qué es real y qué no lo es. Sin sentirnos culpables y sin juzgarnos por tenerlas.

Fuentes:
http://www.netdoctor.es/XML/verArticuloMenu.jsp?XML=003312e
http://www.editorialmedica.info/archivos/cuadernos/Cuad-67_68-Jul-Dic-Trabaj7.pdf
http://www.tnrelaciones.com/fantasias/index.html
imagen: http://www.minutoaldia.com

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