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Desesperada

El complejo de Solomon y la envidia: una verdad incómoda

«La conformidad es el proceso por medio del cual los miembros de un grupo social cambian sus pensamientos, decisiones y comportamientos para encajar con la opinión de la mayoría”
(Solomon Asch)

En la jerga del desarrollo personal se dice que padecemos el síndrome de Solomon cuando tomamos decisiones o nos comportamos de manera tal que evitamos sobresalir o destacar en un grupo o contexto social determinado y también cuando seguimos a los demás por un camino trillado y mediocre boicoteándonos para no llamar la atención. Lo que subyace a este comportamiento es el temor a que nuestras virtudes ofendan o disgusten a los demás o generen un sentimiento de envidia, lo que, creemos, nos dejaría en una situación de vulnerabilidad. Esto constata una verdad incómoda: que vivimos en una sociedad en la que se tiende a condenar el talento y el éxito ajenos. Que está mal visto que las cosas nos vayan bien.

Lo primero que hay que hacer para superar el complejo de Solomon es considerar que es fútil pensar en lo que de nosotros puedan pensar los demás, movidos por su complejo de inferioridad, por su baja autoestima y por sus carencias.

Muchas personas prefieren no hablar en público por miedo a ser brillantes y a dejar mal parados a los otros. Esto regocija a los otros, que de todas maneras saben que somos brillantes y que no dejarán pasar la oportunidad de hacernos sentirnos mal y de criticarnos para sofocar su propio malestar. Lo que hay que hacer es salir a la palestra y dejar de lado los miedos, mostrarnos seguros de nuestra inteligencia y de nuestros valores. No conseguiremos nada empequeñeciéndonos frente a quienes sienten envidia. La envidia hace que las personas no puedan alegrarse con las alegrías de los demás, y que busquen su fracaso, ponerles la zancadilla a los que destacan por algo. De esto al bullying y al mobbing hay una muy corta distancia.

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Las personas que sienten envidia deberían dejar de sentirla y sentir admiración e intentar emular al que más sabe, al que mejor lo hace, pero para algunos y algunas ésta es una tarea imposible. De manera que no obtendremos ningún fruto plegándonos a sus juicios inquisitoriales. Cada uno debe aportar a la sociedad lo mejor de sí mismo sin mirar atrás.

– Asume que el problema no es tuyo, sino del que siente envidia
– Evita relacionarte con los que sienten envidia
– Enseña al envidioso a no sentir envidia. Explícale lo que significa
– Evita responder a comentarios negativos y denigratorios
– Sé tú misma

Fuente: elpais.com

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Comentarios (3)

No entiendo que tiene que ver la envidia con el experimento de Solomon……envidiar es querer lo que tienen los demás de modo insano y lo que ocurre en este experimento es que no se atreven a ser diferentes o decir lo que consideran correcto. Eso no es envidia. Es miedo a no ser aceptado o a ser excluido.
El miedo a sobresalir.

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Hola Marta! En primer lugar gracias por tu comentario. Trato de explicarte como vemos la relación entre un termino y otro. La relación que existe es que, a veces, por temor a opinar algo diferente a lo que la mayoría opina se debe a la posibilidad de que nuestros argumentos tengan mayor aceptación que los iniciales, por lo que la persona que expresó dichos argumentos pueda llegar a tener envidia de la mayor aceptación suscitada por nuestras opiniones.
Espero haber aclarado tu duda. Un saludo.

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Por supuesto que hay una relación entre envidia y el síndrome de Salomón. Cuando puedes conectar causas y consecuencias como explica el Administrador. Entonces hay relación.

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