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Desesperada

El derecho a decir «no»

Aprender a decir no

¿Qué hace que a algunos nos cueste tanto decir «no»? No poder o no saber decir no acaba desfigurando nuestras relaciones con el mundo y nuestro autoconcepto. ¿Hacemos todo lo que nos dicen, nos piden, nos inducen a hacer? Entonces, ¿cómo sabemos quiénes somos? Porque no todo lo que aceptamos hacer, decir, participar o dar necesariamente encaja con nuestra escala de valores, ni siquiera con nuestros gustos o apetencias. ¿Es realmente necesario satisfacer a todos, mostrar aquiescencia hacia todo a nuestro alrededor, dar lo que no podemos o no tenemos, dejarnos llevar para no ser el blanco de reproches, quejas, rumores..? Debemos partir de dos presupuestos: nunca podremos satisfacer a todos y todos tenemos un límite más allá del cual no podemos más. Se trata de definir qué estamos dispuestos a dar o hacer en cada momento respecto de una demanda que se presenta como impostergable o inocente. Pero de impostergables o inocentes las demandas no tienen nada y es nuestro derecho frustrarlas.

Las situaciones en las que el no se impone son situaciones que nos rebasan. No podemos ser los psicólogos de nuestros amigos, ni estar disponibles siempre que al otro le surja una necesidad. Puede que esto se dé en el trabajo, donde corremos el riesgo de que caigan sobre nosotros actitudes propias del mobbing, con presuntos amigos o incluso con nuestra pareja, que se benefician egoístamente de nuestra generosidad y nos someten, o con nuestros hijos, a los que de esta manera malcriamos. A ojos de los especialistas, si somos este tipo de personas, lo más probable es que tengamos personalidades débiles, sumisas o inmaduras y permanentemente necesitadas de afecto y estresadas por la necesidad de congraciarse siempre con los demás, ser aceptadas y agradar. Paul Huljich, neozelandés experto en estrés y columnista del portal web Psychology Today, asegura que «cuando no somos fieles a lo que en realidad queremos, creamos una falta de armonía que gradualmente mina el gozo por la vida. Si aprendemos a decir ‘no’ a todo aquello que perjudica nuestro bienestar, experimentaremos un fuerte sentido de satisfacción con la vida y las decisiones que tomamos». Porque no poder decir no puede causarnos pequeños disgustos o auténticos peligros. Nos hace responsables de cosas sobre las que no tenemos ninguna responsabilidad y nos comprometen al punto de quedar enredados en una trama social o personal con la que no tenemos nada que ver. Según la psicoanalista Inés Bayona hay que evitar las respuestas impulsivas. Hay que tomarse unos minutos al menos antes de decir sí a cualquier petición. Y, por otro lado, evaluar los motivos por los que no podemos no decir no, ya sea con una terapia o haciendo yoga hasta que consigamos saber cuáles son nuestros límites y aceptar que no todo nos es posible.

En cuanto a los hijos, es imprescindible comenzar a saber decirles no desde el primer momento. De lo contrario la relación con ellos se convierte rápidamente en un infierno. Y corremos el riesgo de que se vuelvan tiranos, desafiantes, desobedientes, agresivos, malos estudiantes e incluso, en el futuro, delincuentes.

Según Javier Urra podemos encontrar distintos tipos de niños o jóvenes a los que parece que no se les puede decir no. Estos son algunos:

1. Los hedonistas-nihilistas: se trata de déspotas que hacen lo que les da la gana. «Primero yo y luego yo».
2. Los patológicos: son aquellos que entablan con sus madres una relación de amor-odio y en muchos casos recurren a las drogas, con lo cual son frecuentes los hurtos.
3. Niños maltratados o que han sido testigos de violencia o desestructuración familiar. No ha habido pautas de educación coherentes y estables, solo maltrato y violencia. Ante esto acaban por imponer su ley.
4. Hijos de padres separados. El padre o bien la madre predisponen al niño en contra del ex cónyuge. Estos niños maduran rápido, no atienden a razones, son «mandones» y acaban agrediendo a la parte más débil.
5. Niños adoptados o acogidos por familias. Ese sentimiento de no pertenencia los impulsa a exigir más de los que estos padres no biológicos pueden dar.

Es frecuente que con hijos como estos llegue un punto en que no podamos reprimir el no. «Las causas de la tiranía residen en una sociedad permisiva que educa a los niños en sus derechos pero no en sus deberes, donde ha calado de forma equívoca el lema ‘no poner límites’ y ‘dejar hacer’, abortando una correcta maduración

De acuerdo con la psicoanalista Fraçoise Doltó, un buen comienzo para establecer una ley respecto de los otros, es saber que la ley es la misma para todos. No solo será peligroso para nuestros hijos poner los dedos en un enchufe, sino igual de malo para nosotros. De ahí en más es más fácil decir no en lugar de decir sí.

Fuentes

http://m.eltiempo.com/vida-de-hoy/salud/las-ventajas-de-negarse-a-las-peticiones-de-los-dems/12573436
http://www.blogelp.com/index.php/decir_no_fernando_martin_aduriz_palencia
[PDF] de altea-europa.orgaltea-europa.org [PDF]

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