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Desesperada

El modelo del homo economicus y su implicación moral en la actualidad

El modelo del homo econmicus y su implicación en términso sociales y morales

El concepto de homo economicus u oeconomicus, del latín, fue usado por primera vez por la escuela neoclásica y liberal para criticar la obra de John Stuart Mill sobre economía política, y a modo de representación teórica que comportaría una forma racional y unidimensional de comportarse los sujetos ante estímulos económicos con un correcto, reflexivo y racional procesamiento de la información y al actuar en consecuencia. Se atribuye especialmente a Adam Smith y David Ricardo para quienes lo que cuenta es el propio interés, lo grato que nos es el tener posesiones y dinero, una vez evaluamos las oportunidades y las restricciones, naturales e institucionales y considerando así mismo la propia capacidad para alcanzar nuestros objetivos. Al homo economices se lo considera pues un ente racional en la medida en que el bienestar, visto desde el punto de vista de la utilidad, es optimizado con el menor coste posible: «el «homo economicus» se presenta como ‘maximizador’ de sus opciones, racional en sus decisiones y egoísta en su comportamiento. La racionalidad de la teoría económica descansa sobre la existencia y las “virtudes” calculadoras de ese individuo, que actua en forma hiper-racional a la hora de escoger entre las diversas posibilidades.» Pueden no ser racionales los objetivos en sentido ético, social o humano, pero sí en el sentido de apostar por un riesgo mínimo. Pero se supone que esta persona o «ente» sabe qué es lo mejor para él en todo sentido, mental y físico, y procurará siempre tomar la decisión que más le conviene. Lo que cuenta es la utilidad personal. Para Adam Smith es literalmente un loco aquel que no intenta maximizar sus beneficios sea por ahorro, inversión o intercambio. El homo economicus es esencialmente calculador y egoísta si actúa con plena libertad. Este sujeto escogerá siempre entre las opciones que encuentra aquellas que maximicen su bienestar: casarse o no, estudiar o no, etc.

El esquema sería el siguiente:
1.- Todo hombre busca la felicidad
2.- La felicidad se logra a través de la posesión
3.- Para que sea posible la posesión de un bien se necesita la propiedad
4.- Sólo la propiedad efectiva de un bien permite su intercambio
5.- El intercambio lo garantiza el mercado
6.- El mercado está movido por dinero
7.- El dinero da la felicidad porque permite la posesión.
donde como se ve prima la posesión de lo que se deduce que es más feliz quien tiene posesiones que quien no las tiene porque puede satisfacer sus necesidades.

A estos argumentos se oponen muchos teóricos y con diferentes argumentos. Thorstein Veblen, John Maynard Keynes, Herbert Simon, por ejemplo, se oponen a la idea de un sujeto que controla todas las variables macroeconómicas así como las previsiones económicas de manera que la racionalidad se ve muy limitada. Nunca se puede estar informado de todas las fluctuaciones del mercado con lo cual el hombre con un conocimiento perfecto no existiría y toda actividad económica conllevaría cierto riesgo. Ludwig von Mises de la Escuela Austríaca de Economía señala que el modelo Homo economicus se estaría refiriendo explícitamente al empresario que busca el riesgo mínimo, pero no a las personas en general no asumen riesgos basándose en información objetiva y donde se impone  más bien una lógica social y de gustos personales con lo cual estaríamos hablando más bien de un homo sociologicus más que de un homo economicus.

Los modelos alternativos son los de la racionalidad limitada y el de una actitud económica basada en la idea de un economía moral.

Hay que tener en cuenta el contexto histórico del que parte Adam Smith para proponer su modelo, pleno siglo XVIII, una sociedad preindustrial, muy diferente del actual, y que no tendría en cuenta otros aspectos que la maximización cuantitativa de los bienes: «la acumulación de capital era todavía muy rudimentaria –mientras los bienes de la naturaleza parecían inagotables– y eso justificaba socialmente la ideología del crecimiento, sobre la que Marx ironizó que constituía ‘la Ley y los Profetas’ del liberalismo; además la realidad del comportamiento del «economicus» era obvia: describía un sujeto fácil de encontrar en la tipología de los emprendedores.»

Hoy por hoy hay que tomar en cuenta que las personas también nos fijamos en la estética y en las implicaciones socioambientales de nuestros actos, no solo en la cantidad de nuestros bienes, por ejemplo. La racionalidad estructural de homo economicus deja de lado los elementos emocionales, subjetivos e ideológicos que nos mueven: confundir el dinero con la felicidad equivale a tomar la parte por el todo. No es inusual que tomar parte de acciones comunitarias ofrece mayor «utilidad» que el individualismo posesivo a rajatabla. «Salvar el elemento ético del liberalismo (su valoración del esfuerzo personal, de la libre iniciativa, de la personalidad creadora) tal vez se ha hecho incompatible con una economía especulativa que, a base de buscar un crecimiento desaforado e inmoral, empieza a autodestruirse (…)»

Funtes
http://www.alcoberro.info/V1/liberalisme5.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Homo_œconomicus

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