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Desesperada

Embarazos deseados y no deseados

¿traer o no traer hijos al mundo?

En la actualidad nacen 75 millones de niños muchas veces en condiciones nada favorables: falta de higiene, falta de educación, falta de techo… No existe, en muchos de estos casos, nada parecido a la planificación familiar.

Pero en nuestras sociedades occidentales, generalmente sí se dan las condiciones para traer un hijo al mundo. Aun así muchas mujeres optan por no hacerlo, ya sea por promocionarse en sus carreras, por falta de deseo, por no ver comprometida su situación económica o por falta de acuerdo con la pareja. En otros casos ocurren embarazos por accidente, deseados o no deseados, por un sentimiento de soledad, por razones de educación que equiparan la sexualidad con la procreación o por motivos egoístas.

La sexualidad no va unida a la genitalidad ni a la procreación. Es un aspecto de la persona que engloba nuestras fantasías, nuestros deseos, creencias, actitudes, valores, roles y relaciones que establecemos con el otro. Por ello la educación sexual debe impartirse desde el comienzo a través del ejemplo, en el contexto de la familia y desde el Estado o la sociedad. La educación sexual implica el conocimiento de nuestro propio cuerpo y el ajeno, cuidado y respeto por uno mismo y por el otro así como métodos para cuidar de la salud y protegernos. Educar a los niños desde el principio es lo que hace que en los países nórdicos tengan la tasa de embarazos adolescentes más baja del mundo, menor cantidad de abortos y mayor uso de métodos anticonceptivos. Por otra parte, en los países en los que el aborto es legal es menor que en los países en los que es ilegal.

Sea como fuere aun persiste en nuestras sociedades la presión porque la mujer tenga hijos y esta presión aumenta a medida que pasa el tiempo. La mujer de hoy en día posterga la maternidad hasta último momento cuando los embarazos y el parto son algo más difíciles y no hay vuelta atrás. No tener hijos sigue viéndose como un handicap. Pero tanto tenerlos como no tenerlos depende de numerosos factores. Desde el deseo por una cosa o por la otra, de factores culturales, del temor a sentirse incompletas como mujeres y como padres, de las presiones externas, de los mitos, de cierto romanticismo, del deseo de perpetuarse, es decir, de factores más irracionales que racionales y el arrepentimiento por la decisión tomada forma parte de las dificultades con las que tenemos que lidiar. En última instancia escoger una cosa u otra debe ser un acto conciente, de libertad y de responsabilidad.

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