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Desesperada

Hidratación, la correcta

hidratación y bellezaParece cada día más claro que la ecuación «salud + normalidad sin excesos=belleza + felicidad» es el algoritmo adecuado para conseguir lo que, al fin y al cabo, todos y cada uno de nosotros  estamos buscando. Sucede pues, que nadie a estas alturas le puede sorprender demasiado, si aquí y ahora, canto mi particular loa a las virtudes que una correcta hidratación tiene sobre nuestra salud: mejora el estado de las articulaciones, el de las mucosas, permite una correcta eliminación de toxinas,  etc…o hago un comentario aparte sobre los beneficios directos que tiene en nuestra piel y en la apariencia de la misma, manteniendo su elasticidad, su tono y su suavidad.

Sin embargo, lo que me propongo desde estas líneas no es tanto reivindicar lo evidente, sino desmontar algunos falsos mitos que rodean a la ingesta de líquidos y a la hidratación en si; y es que empiezo a estar un poco harto de escuchar o leer en medios de comunicación variados, a la prototípica modelo cuyo único secreto de belleza parece consistir siempre en comer de todo y beber dos litros, mínimo, de agua mineral diaria.

Creo que es muy interesante saber que, si bien es cierto que un ser humano adulto, que no realice actividad física ninguna, necesita alrededor de dos litros de liquido diario para mantener sus niveles de hidratación en un margen correcto, tampoco es menos cierto que la mayor parte de los alimentos que comemos tienen en su composición altos porcentajes de agua; luego, con una dieta equilibrada no es necesario beber tanta agua  y si, finalmente lo hacemos, podríamos incurrir en un problema de sobre hidratación, que en la mayoría de los casos no tendrá mayor consecuencia que la de visitar el baño más a menudo de lo habitual pero, y según en cuanto nos pasemos, podría desencadenar en afecciones más graves, especialmente para aquellas personas que retienen líquidos.

 Lo dicho, utilizar el sentido común y cumplid la máxima de nuestro algoritmo: «normalidad sin excesos». Recordad que una persona sana que tenga los riñones bien, el corazón bien y que el hipotálamo (que es donde está en el cerebro el centro de la sed) le funcione correctamente no debería beber más que cuando tiene sed.

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