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Desesperada

Indefensión aprendida: ¿estás segura de que no hay salida?

Las causas de la indefensión aprendida

El concepto de indefensión aprendida se acuñó tras realizar una serie de experimentos en laboratorio que consistían básicamente en inducir ese estado en una rata.

El primer experimento consistió en poner a una rata en una jaula en la que recibía descargas eléctricas. Pero había un interruptor al otro lado de la jaula que la rata podía accionar para que las descargas cesasen.
Esto se repitió varias veces.

En el segundo apartado del experimento la situación era la misma salvo que habían quitado el interruptor. Hiciese la rata lo que hiciese las descargas no cesaban. La rata se recluyó en un rincón de la jaula sin moverse y allí se quedó.

Finalmente se repitió la primera situación pero la rata optó por no moverse y seguir recibiendo las descargas a pesar de poder manipular el interruptor.

Martin Seligman realizó estudios semejantes con iguales resultados.

La exposición continua a la violencia, a la denigración y al maltrato producen efectos exactamente iguales a los descriptos más arriba. Primero se lucha, pero como «no hay nada que hacer» porque la violencia continúa no importa lo que se haga para paliarla, la persona cae en la depresión, resignada.

El caso típico es la de la mujer maltratada: «la falta de afecto unido a la repetición y prolongación en el tiempo de actitudes despreciativas, acompañadas con bruscos cambios del estado de ánimo del agresor, sólo es comparable a algunas torturas.” (Miguel Lorente Acosta). La mujer sufre una desmotivación profunda y se siente impotente, incapaz de salir de una situación que parece un círculo vicioso. Cuanto más indefensa se siente y más deprimida, más la violenta el maltratador. La acusa de desganada, de incompetente, de ignorante y encima se le cuestiona el que se sienta víctima. Son pocos los que se atreven a enfrentarse al maltratador que suele ser un psicópata, y otros, desconocen la complejidad del tema. La incapacidad para reaccionar y defenderse es una clara consecuencia del deterioro psicológico que producen la violencia y las agresiones.

Generalmente es muy difícil salir de esta situación como no se cuente con la ayuda de profesionales competentes en la materia.

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