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Desesperada

Mufasa y Scar: la función del padre

En su artículo «Dos modos de ser padres: Mufasa y Scar», Alejandro Barbieri defiende la idea de que hoy la función paterna se define por su presencia.

Barbieri comenta cómo muchos pacientes llegan a su consulta alegando que como padres no quieren hacerle a sus hijos lo que con ellos hicieron sus respectivos padres, esto es, violentarlos, desafiarlos, poner distancia. El problema es que muchos de estos nuevos padres se van al otro extremo y se convierten en «amigos» de sus hijos, declinando su rol como padres que son. Para Barbieri, cuando esto ocurre, el hijo pierde literalmente al padre. El motivo está en la «mala prensa» que tiene la función paterna. Nadie quiere ser el «malo de la película», establecer límites, por ejemplo, lograr que el hijo distinga entre lo que está bien y lo que está mal, o como diría Lacan, imponer (o ser, representar) la Ley.

Pero esa función puede ser cumplida tanto por el padre como por la madre, porque justamente se trata de una función, y no de un aspecto biológico del ser. Pero alguien tiene que ocupar ese puesto en relación a los hijos. «…si el hijo nace en un contexto de ausencia de figura paterna (real muchas veces y simbólica en otras), pierde el sentido, pierde la noción de lo que se debe o no se debe, no obedece a las normas de la casa o de la escuela y puede terminar en conductas transgresoras como: adicciones, violencia y delincuencia.»

No nacemos siendo padres, nos vamos haciendo

El hecho es que no nacemos padres sino que nos hacemos o vamos haciéndonos. Como todo rol depende de la interacción, entre el hijo y el padre, en este caso.

Barbieri ejemplifica los distintos modos de ser padre recurriendo a los personajes de la película El Rey León. «En esta película aparece Mufasa, el papá de Simba y su tío Scar. Mufasa representa al padre ‘arquetípico’ (al decir de mis colegas junguianos), el padre bueno que pone límites con amor, marca su rol, hace saber lo que se espera de él, guía a su pueblo y a su hijo, pero también es cercano emocionalmente y es presente.» la contrapartida es Scar, el «tío malo», el que cuando muere Mufasa, se hace con la gestión del reino con un estilo autoritario, dictatorial, aunque sin auténtica autoridad.

Porque la autoridad y el autoritarismo no van de la mano. La auténtica autoridad deviene de un hacerse respetar por el amor dado, por prestarse a ser guía y modelo del hijo (o de los súbditos), de imponer la Ley de manera coherente, razonada, sentida; la autoridad deriva de la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de comprender, de ser capaz de sentir piedad, de escuchar. «La verdadera autoridad se da cuando el padre educa con amor, y el hijo y el reino (familia ampliada) respeta y valora esa autoridad. Es un límite que sostiene para seguir y lanzar a la persona hacia el mundo con una tarea y una misión.»

“Es hora de que hables con tu hijo”, le dice Sarabi un buen día a Mufasa. Es decir, ha llegado el momento de que le cuentes a tu hijo acerca de ti mismo, de sus orígenes, de lo que espera de su hijo, y así, el hijo crece sabiendo lo que se espera de él y cuáles son sus raíces. «El hijo que crece sabiendo lo que se espera de él, es un hijo con expectativas, que le puede responder a su vida, y que incluso en la adolescencia podrá rebelarse contra eso que se esperaba de él para construir su propia identidad, así como hace Simba cuando huye hacia el “hakuna matata.» Éste es un padre presente que escucha las necesidades de su familia y que responde a las mismas, actúa.

Barbieri nos llama la atención sobre la escena en la que en la que, cuando nace Simba, el futuro rey, Rafiki, el profeta o chamán del reino, lo levanta en alto y lo presenta ante el pueblo. Éste, según Barbieri es un acto de masculinidad que ya aparece en la Ilíada, y es también un gesto romano. Alzar al niño en alto es declararlo oficialmente como hijo y es un requisito jurídico para que el niño sea tendió como hijo de su padre. «En este requisito jurídico queda claro que el hijo es una voluntad, un programa, una intención y no simplemente un hecho natural.» Porque, siguiendo a Barbieri, todos somos hijos adoptivos. La adopción es un rito un acto de amor que implica que se capta a ese hijo, que se le amará, y se le guiará, sea hijo biológico o no.

Muchos pacientes legan que aun teniendo padre, no lo han tenido en realidad. O que su padre biológico no ocupó el papel de padre espiritual y que éste fue otro…

Como se deriva de los seminarios de Lacan, y si se quiere también del mismo Freud, el padre representa el principio de realidad frente al principio del placer. Es el que pone límites a la pulsión, a lo instintual. «Esta función normativa es una función necesaria y clave para que el niño ‘entre en su mundo’ o tome su lugar ‘en el circulo de la vida'», como Simba.”

La falta de una figura paterna, la desvalorización de ese rol, o que la madre desplace al padre negándole acceso al hijo, genera carencias afectivas en el infante, que lo abocarán a una vida de sufrimiento y de conflicto consigo mismo y con el mundo.

Fuente:

http://www.logoforo.com/dos-modos-de-ser-padre-mufasa-y-scar/

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