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Desesperada

¿Nos gusta sufrir? Notas sobre masoquismo moral

Satisfacción al sufrir

En «El problema económico del masoquismo» de 1924, Sigmund Freud plantea la desconcertante aspiración masoquista de la vida pulsional del neurótico cuestionando así el principio del placer como guardián de la vida, y define tres formas de manifestarse dicho masoquismo: el erógeno o primario, el femenino y el masoquismo moral. Este último, para Freud, sería el de mayor calado y se caracteriza como el padecer de un remordimiento de conciencia, muy común en las neurosis obsesivas. Ejemplos de esta masoquismo moral se observan en matrimonios mal avenidos, en uniones tortuosas elegidas inconscientemente, la pérdida de una fortuna y la aceptación de un enfermedad orgánica como un «castigo del destino.» Curiosamente en estos casos los síntomas neuróticos remiten porque el síntoma se ha deplazado a la bancarrota conyugal, a la bancarrota financiera u orgánica mediante los cuales se «administran el sufrimiento y los tormentos.» Se produce, se acuerdo con Freud, una sustitución. Es el masoquismo del yo quien pide ser castigado, ya sea por parte del superyó o por parte de los padres reales, aliviando de esa forma el padecimiento obsesivo. El masoquista adulto se estaría comportando como un niño desvalido y dependiente y sobre todo, díscolo que mediante una conducta reprobable se declara culpable. Estas personas exteriorizan el deseo de tener éxito y de encontrar una fuente de placer pero en cuanto sobreviene el fracaso experimentan cierta satisfacción a nivel inconsciente. En realidad buscan tropezar con «el sufrimiento y la desdicha.» Están sometidas a una hipermoralidad que deriva de la pulsión de muerte que sin embargo conlleva un componente erótico que hace que ni siquiera su autodestrucción completa podría producirse sin cierta satisfacción libidinosa.
El masoquismo moral hace que el sujeto sienta una culpa inexplicable o que la evite mediante «síntomas expiatorios.»
El yo se sustrae de la angustia que produce ese sentimiento de culpa ejecutando obedientemente los mandamientos o preceptos o acciones expiatorias que cree que le son impuestos. «Desde esta perspectiva el síntoma no es perturbador, designa por el contrario una manera de gozar.» El sujeto, allí donde sufre, se satisface.

El masoquismo puede ser un correlato de una depresión y en ambos casos lo que opera es la culpa que es lo que hace que el sujeto busque el autocastigo. En el sufrimiento el sujeto encuentra una razón para vivir. La abnegación del sufridor es aceptada socialmente, sobre todo por grupos religiosos fanáticos «que se adhieren profundamente a una actividad de sacrificio, en aras de obtener cierto reconocimiento familiar e incluso social.» Se trata siempre de autorreproches y autodenigraciones por parte del sujeto que ha caído en la melancolía. El sujeto se autoconvence de su poca valía y se autodenigra ·llevando la necesidad de sufrir al acto.» Los actos autolesivos pueden llegar hasta el suicidio y no siempre premeditadamente ya que se obedece a mandatos inconscientes.

El masoquismo moral tiene sus fuentes en las prohibiciones y amenazas de los padres sobre el niño, muchas veces cumplidas y lo que se busca es ser castigado como única forma de sentirse amado.

Fuente
http://www.descartes.org.ar/jor2009giani.htm

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