Saltar al contenido
Desesperada

Parejas en conflicto

Cómo resolver los conflctos de pareja

Si bien puede que sea cierto que vivir en pareja es una manera de vivir más y con mejor calidad de vida, también es cierto que eso solo se da cuando no existe conflicto. Los conflictos de pareja pueden ser un azote físico o mental para sus componentes (depresiones, trastorno bipolar, adicciones, problemas de corazón, enfermedades del sistema inmune, cáncer…), además de provocar problemas semejantes en los hijos (de conducta, de estabilidad emocional, de llegar a la edad adulta como auténticos adultos…). Y por otro lado los medios de comunicación nos transmiten la idea de que vivir en soledad es mejor que hacerlo en pareja, que es una afirmación de la cual se hacen eco. En los años ’70 en Estados Unidos un 70% de personas vivían en pareja, ahora solo lo hacen el 50%. Pero en cuanto a que se divorcien más parejas que las que se casan, al menos en nuestro país, no es cierto.

Lo que sí es verdad es que hay otros tipos de parejas que no pasan por el matrimonio. Las parejas de hecho, los noviazgos prolongados cada uno en su casa, son relaciones que comportan quizás un menor compromiso. Pero es siempre la sociedad en su conjunto la que marca las pautas. Así por un lado, las explicaciones las podemos encontrar en la incorporación de la mujer al trabajo o bien en una filosofía hedonista de vida para mantener altos los niveles de consumo, falta de apoyos sociales que impiden destinar tiempo a los hijos, la precariedad laboral o las largas jornadas laborales que no dejan espacio libre para la evolución de las relaciones que del enamoramiento se supone pasarán a una etapa de amor más asentada en la realidad y con una mayor carga de responsabilidad hacia la otra persona y respecto de la pareja en sí en tanto y cuanto presupone un grado de intimidad y de validación del otro que no son factibles si no se comparten tiempo, bienes, y el propio cuerpo con el otro, intimidad y validación que son indispensables para resolver los problemas que vayan surgiendo. La etapa del enamoramiento no es eterna y una pareja debe poder ser capaz de consolidar una estructura de toma de decisiones así como una jerarquía aceptada por ambos miembros en lo que se refiere a la resolución de los conflictos. Esto supone que la pareja deberá poder comunicarse, escucharse el uno al otro, y respetarse, y estar ahí en las buenas y en las malas, como apoyo para el desarrollo personal y social de su partenaire.

El campo minado de conflictos para toda pareja son: el poder, la intimidad, la pasión, el afecto y la sexualidad, y la comunicación. Y los desencadenantes pueden ser todas aquellas situaciones estresantes por las que pueden pasar ambos componentes de la pareja o uno de ellos: aspectos laborales positivos o negativos (un ascenso, el paro), la jubilación, enfermedades, problemas económicos, rol de madre o de padre y los hijos, el nido vacío… Los conflictos serán más acuciantes cuanto menor sea la capacidad de la pareja para comunicarse y que puede llevar a una escalada de violencia y a un círculo vicioso en el que nadie escucha a nadie con la consecuente separación o ruptura de las relaciones.

Las formas conflictivas de pareja son:
1. Aquéllas en las que los componentes de la pareja o uno de ellos, fija su atención solo en la parte negativa del otro sin ver la parte positiva
2. Modelo atribucional: se achacan los problemas desde una perspectiva que no concuerdan con la realidad, pero uno o los dos se empecinan en ello
3. Las expectativas respecto de la pareja. Si el ideal es muy alto, lo más probable es que acabemos descalificando la relación
4. Ideas irracionales como que el otro debe ser adivino de nuestros deseos y realizarlos sin que sea necesario hablar de ello, por ejemplo, en el plano sexual

Del total de parejas que pasan por una terapia de tipo cognitivo-conductual, el 50% sale airoso, pero también hay un alto grado de recaídas. El apego es la característica que permitirá que la pareja salga adelante. Potenciarlo es la única manera de motivar a la pareja y de evitar la escisión. Si se llega a la ruptura lo mejor que cabe esperar es que lo hagan de manera tal que no queden hilos sueltos que pueden llevar al odio o al deseo de machacar al otro. Es decir, debería poder ser una separación amistosa.

En la terapia cognitiva se apunta a incrementar el intercambio de conductas constructivas, entrenar la capacidad de comunicarse el uno con el otro, entrenamiento en resolución de problemas, introducir conductas positivas para evitar la reciprocidad negativa (el ojo por ojo), y, finalmente, intentar realizar modificaciones en las atribuciones, las expectativas y las ideas irracionales.

En terapia psicoanalítica de pareja no se pone el énfasis tanto en marcar una hoja de ruta a la pareja para que se comporte de una determinada forma, sino que se centra la atención en el funcionamiento individual y vincular como las formas de funcionamiento intersubjetivas, ya que se entiende que el conflicto se da entre dos y que Käes define como «alianzas inconscientes.» Las parejas con mejor pronóstico son las que más allá de los conflictos, mantienen el entusiasmo por el otro, que exista ese entusiasmo recíproco, a pesar, como digo, de que existan agresiones, malentendidos y confusiones. El objetivo de esta terapia ni es evitar ni promover la separación de la pareja ni tampoco el perpetuarla. Se trata más bien de que la pareja aprenda a pensar sobre ella y despejar el sufrimiento que se producen mutuamente debido a «investiduras estereotipadas, falsos enlaces, repeticiones actualizadas y activaciones fantasmáticas» que se retroalimentan, a veces con resultados positivos y a veces con repercusiones negativas. «Es importante tener presente el carácter focalizado de las terapias de pareja. En ellas se enfoca especialmente el engarce entre los intercambios vinculares y las posiciones subjetivas. … Así, el trabajo clínico en un dispositivo de pareja se apoya en lo fundamental en intervenciones vinculares, que difieren en su formato de la interpretación descripta por Freud. Mientras la interpretación freudiana se dirige a descifrar las coordenadas de un deseo singular, la intervención vincular apunta a mostrar cómo uno influye en el otro, tanto conciente como inconcientemente, cómo cada uno estimula o apaga ciertos funcionamientos en el otro, cómo se construye un funcionamiento entre los dos.»
Lo peculiar de este trabajo de pareja es llegar a un punto en el que la opinión de uno deje de verse de forma absoluta y que las respuestas del otro no sean estereotipadas e ideosincráticas. Esto conduce a que muchas discusiones no sigan teniendo lugar.

La terapia psicoanalítica de pareja, en cualquier caso, es una forma de exploración y autoexploración de los funcionamientos vinculares.

Si el resultado es la separación se pueden hallar nuevos desarrollos a nivel individual.

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar