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Desesperada

¿Por qué nos gusta usar ropa de marca?

Nos gustan las prendas de marca

Ellos, los publicistas lo saben muy bien. Nos encanta usar ropa de marca, incluso que se vea bien grande el logo, para que todo el mundo se entere de que lo que tenemos es un Chanel original, o una camiseta Lacoste, o un buzo de Tommy Hilfiger, unas zapatillas Nike y a ser posible un vestido de Desigual.

También es cierto que cuando no está a nuestro alcance un original, recurrimos a las falsificaciones, un mundo que mueve millones.

La moda puede con nosotros. Un adolescente no aceptaría lucir unos vaqueros que no sean Levi’s. Y si pudiéramos salir a la calle con el frasco de Gucci para que todos sepan que ése es el perfume que nos hemos puesto, seguro que lo haríamos.

Pero ¿por qué nos gustan tanto los objetos de marca? El marketing y la publicidad tienen mucho que ver con eso, no solo la calidad de la prenda, que suele ser buena. Relacionan la marca con cualidades que todos deseamos para nosotros: glamour, éxito, exclusividad. ¡Estar bien lejos de las masas! Destacar. Brillar. Identificarnos con nuestros famosos preferidos. Estas prendas de marca nos dan un status especial y un sentimiento de pertenecía a un grupo minoritario de la sociedad.

Pero en los últimos años, hay marcas para cada franja de edad y para cada grupo de pertenencia. En realidad, muchos de estos productos, no todos, ya son asequibles.

Es difícil para la gran mayoría no dejarse tentar por las marcas. Incluso rehuyen las marcas blancas del súper… que serán tan buenas como los productos de marca. Se trata de ostentar, de demostrar de lo que somos capaces, aunque no haya relación real entre una cosa y la otra.

Hay quienes sin embargo no se fijan en las marcas y se contentan con ropa hecha por quién sabe quién y dónde. Cuando compras ropa de segunda mano ni te fijas si es de Mango sino si te cae bien. Lo mismo pasa a en los mercadillos.

Yo personalmente no me siento especialmente atraída por las marcas como no sea en productos de perfumería, relojes y gafas. Por lo demás, me da exactamente igual. Son mi debilidad.

¿Qué debilidad es la tuya?

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