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¿Qué es la dependencia emocional?

La dependencia emocional se define «como un patrón crónico de demandas afectivas frustradas, que buscan desesperadamente satisfacerse mediante relaciones interpersonales estrechas.» Normalmente estas relaciones están, sin embargo, abocadas al fracaso o a un equilibrio inestable.

Los dependientes emocionales buscan de manera persistente la aprobación de los demás al punto de intentar caer bien incluso a desconocidos. Esta necesidad excesiva de aprobación lleva al dependiente emocional a «rumiar» acerca de su posible aceptación por un determinado grupo, a poner todo su empeño en mejorar su apariencia y a emitir demandas explícitas e implícitas de afecto y atención. Las relaciones en que se ve envuelto son relaciones exclusivas y parasitarias, motivo por el cual muchas veces acaban cansando a los demás, y conducen a enfados y rupturas, ya sean de amistad, familiares o de pareja.

El dependiente emocional se engancha al otro, lo absorbe, se interpone entre el otro y sus otras actividades y relaciones, no por un deseo de posesión o de dominio, sino como resultado de su tremenda necesidad de afecto. Schaeffer compara este fenómeno con la intoxicación de los alcohólicos o drogodependientes. Ante el comienzo de una nueva relación, se ilusionan y fantasean enormemente acerca de esa posibilidad nueva que se les abre llegando a la euforia, y sitúan todas sus expectativas en esa persona encumbrándola hasta niveles disparatados. Éste suele ser el momento de mayor felicidad del dependiente emocional.

En sus relaciones el dependiente emocional buscará situarse en el papel de subordinado dando lugar así a una asimetría, en la cual las más de las veces el otro es un explotador que saca provecho de la baja autoestima del dependiente: «Tienen que soportar desprecios y humillaciones, no reciben verdadero afecto, en ocasiones pueden sufrir maltrato emocional y físico, observan continuamente cómo sus gustos e intereses son relegados a un segundo plano, renuncian a su orgullo o a sus ideales, etc. Su papel se basa en complacer el inagotable narcisismo de sus parejas, pero lo asumen siempre y cuando sirva para preservar la relación.»

Las enormes expectativas del dependiente nunca se ven cumplidas, y el dependiente no siente satisfechas sus necesidades de afecto ya que no existe en estas relaciones un intercambio recíproco de atenciones. «…necesitan tremendamente de otra persona, pero en realidad no conocen lo que demandan porque nunca lo han disfrutado de manera adecuada: afecto.» En su búsqueda de pareja el dependiente emocional no es muy selectivo ya que su necesidad de otro es acuciante. Generalmente nos encontraremos con que ese otro tiene una autoestima muy elevada, son en muchas ocasiones ególatras, narcisistas y manipuladores; carecen de empatía y afecto, creen que poseen privilegios y habilidades fuera de lo común, y que los demás deberían estar continuamente alabándoles y concediendo prerrogativas, hasta el punto de ser susceptible de ser idealizados. Los dependientes emocionales buscan personas que parece que pueden darlo todo y sobre todo aquello que a ellos más les falta: amor propio.
Tras la frustración y la ruptura, los dependientes emocionales pueden deprimirse pero también los veremos buscando inmediatamente una nueva persona a la que «atarse.»

Con todo los dependientes emocionales carecen en cierto grado de habilidades sociales. Su pobre autoestima, su carencia de autoconfianza, un autoconceto negativo que no suele corresponderse con la realidad, y el deseo de agradar a todos los consume e impide que se desarrolle en ellos una adecuada asertividad. «Tienen, en general, una autoimagen de perdedores que minimiza o ignora lo positivo de ellos mismos y de sus vidas.» También carecen de empatía ya que no soportan del todo bien el que la otra persona tenga su propia vida.

Por otra parte, en la misma medida en que no saben que lo que buscan es afecto, son incapaces ellos mismos de darlo. Simplemente se apegan a su pareja idealizada mientras el efecto de compenetración entre uno y otro dura.

El fenómeno es similar al de los ídolos y fans en la adolescencia: «fascinación ante objetos susceptibles de encumbramiento por poseer características que los distinguen de los comunes. Los dependientes emocionales entienden el amor como apego, sumisión y admiración al objeto idealizado, y no como un intercambio recíproco de afecto.»

Las causas de esta dependencia tan remarcada se pueden situar en la infancia de estos sujetos: sus experiencias afectivas debieron de ser insatisfactorias, frías, ambivalentes, rechazantes, rígidas, degradantes, erráticos, frustrantes y distantes: «la repulsión y los rechazos maternos hacen incrementar y no disminuir la conducta de apego, y la ansiedad tras una separación es mayor si la relación precedente es negativa» (Rutter). De acuerdo con Bowlby, a estas personas les faltaría una «base segura» (presencia y accesibilidad de figuras adultas, es condición básica para la autoestima y autoconfianza.) Pero no se da una desestructuración familiar tan pronunciada como en el caso de los psicópatas o personalidades antisociales. En el caso del dependiente emocional no son comunes los abandonos graves, las negligencias, los abusos sexuales, físicos, etc. Los dependientes emocionales, a diferencia de esos otros cuadros, han mantenido la capacidad de vincularse, aun siendo insatisfactoria.

En cuanto al mantenimiento de esta forma autodestructiva de relacionarse, las pautas de relación adquiridas tempranamente serían las principales responsables de que el trastorno se perpetuara por sí mismo. Asimismo, el problema se mantiene «por las respuestas o reacciones complementarias de las personas con las que interactúan», lo que reforzaría la mencionada baja autoestima y los deseos emocionales.

Fuente
http://www.robertexto.com/archivo8/depend_emocio.htm
Imagen: http://relaciones.uncomo.com/

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