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Raíces de la violencia en adolescentes

En nuestras sociedades occidentales y no menos, aunque de manera diferente, en otras culturas, es corriente asistir a explosiones de violencia entre los adolescente en particular y los jóvenes en general. Esta violencia se manifiesta en forma de episodios de ostentación, actitudes pendencieras, vandalismo, manifestaciones dañinas hacia sí mismos o hacia los demás, adicción a los videojuegos violentos, etc., de las que muchos padres se lamentan.

Según Anna Nicoló, estas actitudes no tendrían que ver con la insatisfacción de necesidades de forma directa ni con la identificación con un agresor, sino de un complejo entramado de causas.

El origen de la violencia

De acuerdo con Nicoló, la violencia vivida por los padres puede estar significando que sus hijos están intentando separarse de ellos, definir su identidad y subjetivarse. Padres muy ambivalentes respecto del crecimiento de sus hijos viven estas tentativas del hijo como agresión, lo cual muchas veces, acaba siéndolo. Según Winnicott, los padres deberían encontrar la manera de formular sus quejas respecto del hijo a partir de la comprensión de dicha violencia como natural, pero desilusionándolo en cuanto a su omnipotencia destructiva, esto es, reafirmando el principio de realidad, cosa que el adolescente persigue continuamente.

Este tipo de agresividad puede entenderse como una instancia organizadora y puede concebírsela como incluida entre las agresividades sanas. Pero existe agresividades que no pueden ser incluidas en esta categoría.

Cuando hablamos de sadismo, por ejemplo, hacemos referencia a un tipo de violencia que implica placer ligado a la necesidad de ejercer poder sobre otro sujeto, con un componente de erotización de la agresividad. Esa erotización no se da en las situaciones de violencia no sádica, pero la violencia puede implicar una cuota de sadismo. «…la evolución ulterior de personalidades violentas hacia características sádicas, depende no solamente de la organización de la personalidad sino también de factores ocasionales que pueden hacerse estructurales, como por ejemplo, debido a los sucesos traumáticos que el adolescente pueda atravesar.»

Otros autores distinguen asimismo entre sadismo y violencia maligna, y violencia protectora. O entre violencia predatoria o afectiva, o entre violencia autopreservativa y violencia dañina.
La violencia dañina es la que suele aflorar en personalidades psicopáticas. Esta última es un tipo de violencia “planificada, anafectiva y programada”, mientras que la anterior es una reacción ante una amenaza real o imaginaria, y es la que se da típicamente entre adolescentes, singularmente o reunidos en bandas. «A causa de la naturaleza fisiológicamente traumática de los procesos evolutivos del adolescente, como por ejemplo la integración del cuerpo sexuado y el replanteo narcisístico objetal, la normal agresividad, – que como decía es una de las instancias organizadoras de este período de la vida -, puede generar un efecto desencadenante, si entra en colisión con episodios traumáticos anteriores, que pueden haber caracterizado el funcionamiento familiar de aquel adolescente.

Se genera así la precipitación de un doble trauma. El joven violento intenta desembarazarse del proceso traumático que no consigue elaborar, atacando a un enemigo o a cualquiera que le proporcione la ocasión, dado que sobre él ha proyectado partes vergonzosas del sí mismo.»

Este proceso procura al adolescente un alivio temporal a modo de muro de contención contra el derrumbe. Su finalidad inconsciente es definir su identidad, como se ha dicho más arriba, y como una tentativa de diferenciarse y definirse contra el otro o contra la realidad que tanto le asusta. El adolescente teme la pasividad, y la violencia le otorga sensación de fuerza y potencia: «Los acting out violentos contrastan así con las vivencias depresivas o las angustias identitarias que estos jóvenes no consiguen integrar o elaborar y en un solo acting out calman las tensiones y los conflictos internos y externos, evitando el peligro temido, cuya elaboración ni el adolescente ni los padres consiguen hacer.»

En las familias en las que existe un adolescente violento podríamos hallar un patrón de aprendizajes tempranos acerca del manejo de ciertos mecanismos de defensa transpersonales e interpersonales específicos con los cuales se intentan evitar la angustia y el dolor. «…el acting out, la concretización, la incapacidad de concebir el tiempo, la dificultad de contener las tensiones, de controlar los impulsos y por sobre todo la dificultad de pensar, son algunas de las características más frecuentes y conocidas. Esta específica calidad de la vida familiar, humilla y desconoce las necesidades específicas del adolescente, determinando una situación donde una identidad violenta se convierte en la única respuesta posible para sobrevivir en ese contexto.» A menudo los progenitores maltratadores fueron ellos mismos maltratados en su infancia. «La identificación con el agresor, la disociación, la negación, son mecanismos extensamente descriptos en los casos de maltrato, abuso y violencia.» La disociación se daría en la medida en que estas familias procuran ocultar o silenciar el maltrato y los abusos con lo cual nos hallamos con una familia que es una cosa en lo real y otra cosa de cara a los demás. Este tipo de funcionamiento hace que el niño no pueda reconocerse a sí mismos como un sujeto dotado de derechos en tanto persona y se alienta la existencia de una disociación entre el niño real y el niño imaginado por sus padres: el niño abusado «se hace transparente», no existe como persona ante los ojos de padres abusadores o ante los ojos de una madre que no lo protege, y es esto, unido a la incapacidad de los padres de saciar las necesidades más básicas lo que conduce a una adolescencia explosiva. «…es esta invisibilidad, este desconocimiento uno de los aspectos más patológicos de este funcionamiento.” …que es regresivo e indiferenciado, una vuelta al estadio afectivo más primitivo, tanto del grupo familiar como del individual, “una regresión defensiva a un estado de ambigüedad” que nace de la violencia y provoca violencia.

El conformismo y la incapacidad para aceptar una crítica son correlativos a dicha ambigüedad. La obnubilación y la indiferencia se emplean como escudo para proteger una estructura que induce a error y sabotea «el proyecto autoidentificador» del adolescente, la ética y los principios morales. Existe una indiferenciación entre los padres y entre padres e hijos en el terreno de los límites … “La función paterna es despótica y paternalista y a causa de la corrupción de la instancia paterna, se deriva la sensación de que no existe justicia. … En esta situación la subjetividad de los miembros, y en modo especial la del adolescente, se vuelve una amenaza. La violencia de uno o de ambos padres, el desconocimiento de la misma y la mala comprensión de las necesidades reales de los hijos, ha creado una atmósfera de inseguridad, por las cuales la equivocación … la mentira y la confusión … predominan como modalidades de funcionamiento y de identificación. El cinismo respecto del valor de la verdad envenenará la ética de las relaciones familiares y se destruirá así cada deseo de aprender.» La dinámica que consiste en ataque-huida, sumisión-mentiras se torna así parte de la conducta del adolescente, lo que determinará su adhesión pasiva a grupos de iguales o bandas «donde el borramiento de límites y fronteras, permite todo.” La regla sería la de sufrir y hacer sufrir.

«Como dice Winnicott: ‘El actuar de estos pacientes constituye la alternativa a la desesperación. La mayoría de las veces el paciente se siente sin esperanza … y vive en un estado de depresión o de disociación que enmascaran el estado de caos que sobrevuela de continuo.’”

Fuente:
http://www.apfem.com/articulodelmes/09-10/Psicoanalisis%20e%20Intersubjetividad/las%20raices%20generacionales%20de%20la%20violencia%20en%20los%20jovenes.pdf.

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