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Desesperada

Resiliencia, un concepto controvertido

Controversias en torno al concepto de resiliencia

Como bien dice Marcelo Colussi, «El camino del infierno está plagado de buenas intenciones.» Porque más allá de las buenas intenciones, ciertas acciones o en este caso, conceptos, pueden tener un efecto palmariamente adverso.

¿Qué significa resiliencia? El término proviene del campo de la metalurgia y hace alusión a la «capacidad que tienen los metales de deformarse sin quebrarse, retornando a su estado original.»

En el ámbito de la psicología aparece por primera vez en 1942 en un artículo de Barbara Scoville para instalarse con más fuerza hacia los años ’70 del siglo pasado aunque no se usaba la palabra resiliencia en sí, sino que se hacía referencia a la invulnerabilidad o «invencibilidad» de ciertos sujetos hasta que comienza a usarse popularmente en los ’90.

La resiliencia se entiende desde entonces como “La capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”, según la 23ª edición del Diccionario de la Real Academia Española. Esto es, hacer frente a las adversidades y superarlas, incluso siendo transformado por ellas; como un proceso dinámico y constructivo sociocultural que conduce a la optimización de los recursos humanos para sobreponerse a las situaciones adversas, según otras definiciones.

Visto de este modo es una capacidad positiva que debe ser fomentada «como un camino de esperanza.» Esta capacidad pone el acento en las creatividad de los individuos o grupos para superar las «iniquidades de la sociedad actual» así como las catástrofes con lo cual implica un potencial para plantearse transformaciones y para seguir creyendo en las utopías, como diría Eduardo Galeano. “Las personas más resilientes tienen una mejor autoimagen, se critican menos a sí mismas, son más optimistas, afrontan los retos, son más sanas físicamente, tienen más éxito en el trabajo o estudios, están más satisfechas con sus relaciones, están menos predispuestas a la depresión”. Hasta aquí todo muy bien.

La pregunta que cabe hacerse es si éste es un concepto novedoso que aumenta el saber y el potencial de la gente de actuar en el mundo o bien es un llamado a la resignación y no a la transformación en línea con los programas de autoayuda para salir airoso de situaciones problemáticas del tipo «Usted puede, no sufra, usted puede ser exitoso.» Programas que eluden la conflictividad como auténtico motor de las transformaciones. En este caso la resiliencia no sería sino un modo de aplacarnos, una prótesis, que remitiría a la normalización y adaptación al sistema instituido que remite a su vez a las ciencias de la conducta americanas que anestesian a los sujetos para domesticarlos y no como instancia emancipadora. El hecho de que haya personas que tienen más aguante que otras es algo que ya sabemos desde mucho antes de que se hablase de resiliencia… ¿No es acaso una manera de taponar el síntoma y acallar las voces discordantes?

«En el medio de la dictadura que asoló Argentina entre 1976 y 1982, (…) el gobierno de los militares presentó una propaganda por todos los medios de comunicación donde se veían distintas escenas con ruidos enloquecedores (un taladro, un bebé llorando, etc.), sobre los que aparecía una enfermera indicando que “el silencio es salud”. El silencio ¿es salud? ¿Qué significa en ese contexto ser resiliente? ¿Callarse la boca y aguantar, o luchar contra esa flagrante inequidad? Si es esto último, ¿de qué nos sirve llamarlo “resiliencia”?

Fuente: argenpress

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