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Desesperada

Rita Levi-Montalcini: cómo aparcar la senilidad

Seguir activos después de los 50.

Según asegura la neurocientífica y Premio Nobel Rita Levi-Montalcini a sus cien años, la jubilación hace que perdamos capacidades, en definitiva, que uno se deja estar y se enferma. El cuerpo se arruga, eso es verdad, y también se pierden neuronas, pero las que quedan, si nos aplicamos, y gracias a la plasticidad cerebral, se reorganizan para realizar las misma tareas que hasta ahora realizaban las demás. Todo es cuestión de estimularlas, de mantener la ilusión, de mantener el cerebro activo, de hacerlo funcionar. La clave para Montalcini es mantener la curiosidad, el empeño y tener pasiones. De hecho fue ella misma quien en 1942 descubrió cómo crecen y se renuevan las células del sistema nervioso. Lo llamó el nerve growth factor (NGF, factor de crecimiento nervioso). Cuando se le concedió validez a su investigación le dieron el Premio Nobel.

Su deseo de pequeña era estudiar. Sus padres no estaban de acuerdo, pero ella quería seguir el ejemplo de sus hermanos, muy brillantes, y respecto de los cuales ella se sentía poca cosa, muy inferior. También la impulsó el ejemplo de Albert Schweitzer que estaba en África para combatir la lepra. Ella quería ayudar a los más necesitados. Ése era su gran sueño. Y lo ha hecho realidad porque concretamente ahora ayuda a niñas en África que no pueden estudiar. Según ella ni siquiera existen diferencias entre el cerebro del hombre y el de la mujer como no sea a nivel endocrino y emocional, pero en ningún caso a nivel cognitivo.

Así que, ¿por qué dejar de estudiar cuando se han cumplido los 40 o los 50? La edad no puede ser la causa. Lo que ocurre más bien es que nuestro estilo de vida no nos ayuda. Estudiamos en la universidad, hacemos quizás un master y luego… nos relajamos porque lo único que nos piden es que nos adaptemos a la superficialidad del sistema que nos mete prisa en la toma de decisiones, no que sepamos más. Se nos exige que tengamos respuestas rápidas y coherentes cargados de paradigmas quizás caducos, pero de modo automático. Y esto es agotador. Si lo que sabemos produce buenos resultados a la primera, ¿para qué necesitamos más?

La sociedad parte de una visión de la personalidad que no se corresponde con la realidad. Podemos y tenemos capacidad para cambiar, para ampliar nuestros horizontes. Pero se cree que lo maduro es tener una conducta lineal, una idea única e inmodificable acerca de cualquier problema que se nos plantee. Reproduciendo las misma actitudes y el mismo discurso durante décadas lo que conseguimos es alienarnos y reducir la capacidad de nuestro cerebro para responder a nuevos estímulos.

El sistema nos condiciona de tal manera que después de exprimirnos nos deja obsoletos. Entonces se nos aparta del sistema hasta que desaparecemos. Es lo mismo que les ocurre a nuestras neuronas.

Contra esto debemos oponer resistencia y ponernos a estudiar, a desarrollar nuevos destinos. No a acumular conocimientos sin más, sino a ponerlos en práctica. A actuar. A mantenernos activos. A utilizar al máximo nuestra capacidad cognitiva, hasta el más allá.

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