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Un juramento de pureza… el «Purity Ball»

Un juramento de pureza ante Dios y el padre

Esto es el «Purity Ball», un juramento ante su padre y ante Jesús por el que tanto niñas como adolescentes prometen mantenerse castas hasta el día de su matrimonio.

Las niñas, a veces a la edad temprana de 4 años, lucen sus mejores galas, normalmente un vestido de novia, son invitadas a almorzar y a bailar con sus padres y luego, realizan la ceremonia en la que se pronuncia la siguiente frase: “Estás casada con el Señor y tu padre es tu único novio”.

El factor sorpresa no existe ya que las niñas son informadas de lo que significa y de lo que supone que hagan esta promesa de manera que acuden, aparente y supuestamente, por propia voluntad.

La primera vez que tuvo lugar este baile de pureza fue en 1998 en Colorado Springs (Colorado, U.S.A.) por iniciativa de Randy Williams, que lo llevó a cabo para estrechar lazos con sus cinco hijas en torno a los valores cristianos. La ceremonia es como un desposamiento simbólico ante Dios en la que proclaman su virginidad «como ofrenda de virtud ante sus padres». Actualmente este tipo de ceremonia se realiza por todo Estados Unidos y otros 17 países.

Pero el voto de pureza no se limita a la relaciones sexuales. Las niñas no podrán flirtear ni tener citas ni besarse con chicos. La única relación permitida es aquella que conducirá al matrimonio para siempre jamás.

En la ceremonia es corriente que las niñas intercambien anillos con sus padres que se erigen así como sumos sacerdotes y garantes de su hogar y de la familia.

Las feministas no han tardado en poner el grito en el cielo ante lo que supone una transferencia de la libertad de decisión de estas jóvenes como sucedía antaño, cuando el padre de familia se situaba como guardián de la sexualidad y de las relaciones emocionales y prematrimoniales de las niñas. Cabe preguntarse hasta qué punto estas niñas son concientes de lo que hacen y si no se trata de una imposición tácita y de una manipulación en toda regla por parte de su progenitor.

Imagen: David Magnusson

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