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Desesperada

Usos históricos de la orina humana: el detergente de la antigüedad

Usos de la orina a lo largo de la historia

En su libro «Evaluación microbiana de riesgos a la salud asociados al uso de orina humana separada desde la fuente» de 2001, Caroline Schönning investigadora del Instituto sueco para el control de enfermedades infecciosas confeccionó una cronología del uso de excretas humanas a lo largo de la historia. El uso más corriente ha sido desde siempre el usar la orina y los excrementos humanos para fertilizar los cultivos. En Japón este uso se introdujo en el siglo XII y en China se usa la excreta humana y animal composteada desde hace milenios. En Suecia se organizaban colectas y transporte de los deshechos y se desarrollaron técnicas para su tratamiento desde el siglo XVIII. La técnica consistía en mezclar estos productos de letrina con turba o cal. En el siglo XIX y en distintos países durante la Edad Media la orina se comercializaba como detergente para lavar la ropa y blanquearla, conjugada con cal y cenizas como blanqueantes. La blancura de las lanas y los linos de senadores, emperadores, reyes, nobles y caballeros procedía de los orines de los pobres que luego perfumaban con esencias florales. Otro uso muy corriente fue usar la orina para el curtido de pieles y la producción de pólvora. Se sabe también que en mesoamérica existía una deidad cuya características eran las de comer lo podrido para parir o dar a luz vegetación lo que indica que también usaban los excrementos como abono en la agricultura. En la Antigua Roma se usaba para blanquear los dientes lo que también se hacía en el Renacimiento.

En cuanto a la orinoterapia o uroterpia es tradicional en la medicina alternativa con fines cosméticos o terapéuticos consistentes en beber la propia orina, aplicándola o masajeando con ella la piel o mediante inyecciones. En la India, en el contexto de la tradición ayurvédica la orinoterapia se denomina amaroli.

Para los chinos, la orina de los niños es terapéutica y les suelen lavar la cara con ella para proteger su piel. Entre los franceses era común el empapar en orina unos calcetines y ponérselos al cuello para curar la faringitis y se sabe de una mujer aristócrata que en el siglo XVII se daba baños de orina para embellecer su piel.

En México preparan cataplasmas para huesos rotos haciendo que un niño orine en un recipiente con polvo de maíz quemado. Los aztecas por su parte, usaban la orina para limpiar heridas con el fin de prevenir infecciones o como bebida para curar problemas estomacales e intestinales. Se creía que beberla estimulaba la circulación. Y hay quienes creen que es efectiva para tratar el acné. Otra costumbre es la de echar orina en las picaduras de medusa lo que está contraindicado porque puede activar nematocitos en el lugar de la picadura.

La célebre actriz británica Sarah Miles ha estado bebiendo su propia orina durante 30 años en la creencia de que inmuniza contra las alergias entre otros beneficios.

Salvo alguna que otra excepción hoy en día no hay estudios científicos que avalen los resultados beneficiosos del uso de la orina, pero se investiga el efecto de sus componentes por separado. La orina como el sudor o las heces es un conjunto generalmente tóxico de catabolitos y alto contenido en sodio diluido en agua muchas veces contaminada por bacterias o virus. Se compone de agua, urea y sales minerales y puede contener trazas de compuestos, hormonas y metabolitos. Aun así la urea se viene usando con fines cosméticos y terapéuticos como es el caso de la dermatitis atópica, psoriasis y eccemas. Su efecto es hidratante e impide la pérdida de agua a través de la piel.

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