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Desesperada

Zen en la oficina

Zen en la oficina

«Para el hombre que sólo tiene un martillo como herramienta, cada problema le parece un clavo.»

En general, en épocas de crisis, tendemos, paradójicamente, a rehuir los problemas. Perdemos la calma. O quedamos paralizados. Y esto ocurre en nuestra vida personal pero también afecta al trabajo.

Es muy corriente que nos apeguemos a unos hábitos obsoletos y que ante una situación que no reconocemos, que irrumpe intempestivamente en nuestra área profesional, emerja dicha situación como una amenaza que puede minar nuestra confianza en nosotros mismos y en los demás, y pone en peligro tanto nuestro puesto de trabajo como a la organización o departamento en el que trabajamos.

La filosofía zen es especialmente efectiva a la hora de ayudarnos a no quedar inermes o morirnos de ansiedad ante lo que supone una crisis. Nos ayuda a ver el modo de innovar; nos permite dar un giro a la visión que tenemos de la vida, a recuperar o reformular nuestros objetivos y, sobre todo, a combatir la desidia, el conformismo improductivo y la apatía. Por ejemplo, ¿cómo introducimos novedades en la empresa sin que tengamos previamente clarificados, nuestra escala de valores, nuestros fines, el modo de organizarnos, de presentar esa novedad no como un peligro ni como un formulismo más ante nuestra plantilla?

De acuerdo con «El zen de la empresa», Alienta Editorial, 2006, de Yuki Ojiro, consultor de empresas, y Francesc Miralles, novelista, un instrumento útil tanto para los empleados como para empleadores, el zen es eficaz porque nos habla de respeto, de saber organizarnos para conducir nuestra barca a la meta, de concentrar nuestras energías en lo que hacemos. «Si empleados y directivos tuvieran la disciplina de los monjes Zen: cuando meditan, sólo meditan; cuando comen, sólo comen; cuando trabajan, sólo trabajan, ocho horas serían más que suficientes para abordar las tareas con eficacia.» Es que no es extraño que los directivos alarguen su jornada laboral indefinidamente arrastrando a todos en la misma senda de las horas extra sin que ello ayude a contrarrestar las carencias de las que padece la empresa en su funcionamiento.

De lo que se trata es de concentrarse en lo que cada uno hace, y de hacerlo con calma y bien. «La irritación y la ansiedad internas nos pueden hacer percibir el entorno como opresivo.» Si un directivo no tiene capacidad de dirección, la tendencia de la entidad será la de cambiar constantemente a los miembros de su equipo. Y esto supone enseñar una y mil veces lo mismo, lo que es una pérdida de energías, de tiempo, y de capital humano. El éxito se consigue si la plantilla es una plantilla estable, formada en la excelencia, que persigue un mismo objetivo y que avanza en esa misma y única dirección: «La seguridad que da a los trabajadores el tener un empleo estable, sin necesidad de renovaciones de contrato constantes les implica de una manera más directa en el desarrollo y la estabilidad de la empresa, y con un objetivo claro: todo el mundo rema en la misma dirección.
La eficacia no se mide por las horas que uno pasa en la oficina sino por lo que se es capaz de ejecutar en ese tiempo.»

El proverbio chino dice: «Cuanto más grande es el caos, más cerca está la solución.» Es decir, «la muerte es el no conflicto.»

Partiendo de esta premisa entendemos que el ser humano es un ser que necesita, se alimenta de objetivos. Esto es lo que lo motiva. El caos es una suerte de oportunidad para emplearnos a fondo: «una vida sin exigencias ni retos acaba reduciendo los recursos de la persona.» En palabras de Lao Tse: «En el mundo no hay nada más sumiso y débil que el agua. Pero atacando aquello que es duro y fuerte, nada puede superarla.»

Si nos centramos en lo que estamos realizando, lo difícil se vuelve fácil, manejable. La creatividad, la concentración y el placer que experimentamos cuando trabajamos hacen que fluyamos junto con la tarea y hacia la meta que nos hemos propuesto. Lo opuesto a esto es la dispersión, el no saber exprimir el momento, el no saber sacar lo mejor de nuestro personal. «Cuando pretendemos cumplir varios objetivos simultáneamente suele suceder que no se culmina ninguno.» Menos es más, según el zen. Hay que saber liberase de lo que es innecesario, de obligaciones y compromisos y enseres materiales que no nos llevan a ninguna parte. No hagamos como que trabajamos. Trabajemos en serio haciendo que nuestro tiempo invertido rinda.

No es conveniente echar las culpas afuera, aunque las haya, sino empezar por mirarse el propio ombligo. Como dice Gene Mauch (uno de varios hombres de béisbol americanos), no podremos nunca guiar a nadie más lejos de lo que nosotros hemos conseguido llegar. De manera que si tenemos empleados a nuestro cargo lo primero es optimizar nuestros propios recursos. Deberemos en primer lugar aprender a autogestionarnos para poder gestionar a los demás. Cuando todo a nuestro alrededor parece que se derrumba, el mejor gestor será aquél que entienda que debe saber marcar la pauta y sentirse y mostrarse seguro. «Nada resulta más desesperante y desmotivador para los trabajadores que un jefe inseguro que cambia de idea constantemente y obliga a hacer tareas en balde. Cuando cunde la impresión de que la barca no va a ninguna parte, los marineros simplemente dejan de remar.» Si no somos capaces de ponernos en el lugar de los demás, tropezaremos una y otra vez con la misma piedra y nunca lograremos entender dónde estaba el error. «Líderes de este tipo están condenados a rodearse de un equipo poco fiel, que a la mínima oportunidad abandonará el barco en busca de una mejor sintonía con sus nuevos superiores.» Toda mejora que uno logre en su propia persona conducirá de manera automática a una mayor eficacia por parte de quienes colaboran con uno y a la buena marcha de la corporación:
«El arquero se apunta a sí mismo y se dispara a sí mismo.»

Porque por muchos ceros que acumulemos en nuestra cuenta bancaria, no gestionamos números, gestionamos emociones. Muy en contra de lo que nos solemos encontrar en los equipos directivos de la mayor parte de las empresas hoy en día, lo cierto es que «Por mucha visión de empresa que tenga un jefe, nunca logrará grandes objetivos si carece de una herramienta imprescindible para trabajar con seres humanos: la empatía.»

Fuentes

http://dinero.univision.com/empleo/en-tu-trabajo/article/2006-11-29/la-filosofia-zen-en-la

http://klidaddvida.blogspot.com.es/2009/11/consejos-para-hacer-tu-trabajo-mas.html

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